Pasó mucho tiempo desde que el marinero zarpó del último puerto. Un puerto breve, sin apenas agua ni sentido, por lo que decidió irse más lejos si cabe, a tierras que solo conocía de oídas. Y así es como el marinero decidió acercarse a un puerto, decidido a tentar a la suerte y a la bella damisela que aguardaba su llegada. ¿Aguardaba la llegada? ¿O simplemente aguardaba? Eso es algo que repiqueteaba en la mente del marinero, ansioso por lanzarse a los brazos de la damisela. Sin embargo, era un riesgo que había corrido muchas veces, y ya estaba escarmentado, por lo que prefirió esperar a ver si la damisela se atrevía a pegar el salto al agua para llegar nadando al barco y comprobar si lo que sentía era más que un arrebato de "amor". (Continuará...)

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