Y antes de bajarse en el puerto, el marinero decidió que lo mejor era cambiar en rumbo. Hay tierras que es mejor no pisar... Y decidió esperar a que fuese la marea la que le llevase a un puerto más cercano, lleno de esperanza y de cosas que le hiciesen permanecer por más tiempo... Pero claro... ¿Quién haría que el marinero dejase la vida de los mares para permanecer en un sitio fijo?... Siempre pasaba lo mismo, buscaba y buscaba, pero nada le hacia echar el ancla por la borda. Y así es como una vez más, el marinero zarpó sin saber a donde iba...
A veces uno aprende a que las arenas de la playa se muevan tanto que no puedas atracar en ellas, pero bueno... Si la tierra merece la pena por qué no intentarlo...
Tierras desconocidas que inspiran más confianza, pero menos estabilidad... Dilema eterno de un marinero...

No hay comentarios:
Publicar un comentario